viernes, 14 de diciembre de 2012

La Rutina: No es muerte, es agonía

En mi primer post les comentaba que ahora, a mis casi 25 años, a diferencia de otras etapas de mi vida, me moría (me muero) de miedo.  También les decía que esta edad, en realidad la vida, te cae por sorpresa y a veces (o muchas veces) la vida no es como nos la imaginamos, o como los medios de comunicación, nuestros padres o nuestro entorno más cercano nos enseñaron que debería ser.

Estoy consciente de que un camino fácil y rápido a seguir es apuntar a lo más o menos establecido por la sociedad como el rumbo correcto, cosa siempre pensé no era para mí. De hecho, ya experimenté qué significa tener una rutina en la “vida moderna”. De ella se dicen muchas cosas, pero yo saqué mis propias conclusiones.

La primera conclusión es que la rutina no es aquel monstruo cien por ciento malévolo que mata todo aquello que toca. No. Tiene su lado bueno. La rutina nos da cierta protección que es ideal cuando nos estamos adaptando a nuevas etapas de la vida. Les pondré un ejemplo. Imagínense que recién han aprendido a conducir y que todos los días deben seguir un recorrido de ida y vuelta. Las primeras veces que conduzcan por ese camino pues se sentirán nerviosos, como es normal. Pero al cabo de algún tiempo tendrán mucha más confianza en sus habilidad para conducir. En ese tiempo también se habrán enfrentado a nuevas situaciones. Puede que alguna vez un carril de la pista haya estado cerrado, o que por algún evento especial el tráfico haya estado más pesado que de costumbre. No obstante, afrontar esas pequeñas nuevas situaciones se hace mucho más fácil ya que está en un contexto que ya es conocido y rutinario para ustedes. Si luego de ese tiempo ustedes se ven en la necesidad de conducir por nuevos lugares, pues estarán mucho mejor entrenados que si no hubieran tenido esta práctica previa, aunque seguramente sí se sentirán algo nerviosos por la nueva experiencia. Noten, por favor, que digo “algo nerviosos”, lo que significa que los nervios serán menores a los que se sintieron al inicio de esta nueva experiencia.

Pero no negaré que la rutina sí tiene su lado negativo. Como bien dice la canción “No cabe duda que es verdad que la costumbre, es más fuerte que el amor”. En otras palabras, la rutina nos ata a lo que conocemos, a pesar de que esto sea negativo para nosotros. Por eso digo que la rutina no mata, sino nos tiene en agonía. Vivimos sin vida. Respiramos sin oxígeno. Nos convierte en zombis civilizados. Nos roba la creatividad, los sueños, las ganas de despertarnos cada mañana.

Y yo no quiero vivir así. No obstante, tengo que encontrar herramientas para vencer mis miedos. Para no sucumbir a la tentación de regresar a lo conocido, a lo cómodo, a lo agonizante.  Y creo que fue de Dios encontrar este video que me pregunta si me atrevo a soñar.

Ahora pienso en que debo dejar de preguntarme “¿Y si me sale mal?” y preguntarme en vez “¿Y si me sale bien? Porque ahora comprendo que el cambio no es pérdida, sino crecimiento y desarrollo. No perderé quien soy, sino que seré una mejor versión de mi misma.

Sí, sí ustedes están pasando por lo mismo tal vez piensen en que es más fácil escribirlo que hacerlo. Seguro que tienen razón. Pero si no lo hacemos nos condenamos a una vida miserable. No estoy al inicio de mi vida. Ya no soy una niña. Tengo que tomar acciones y pronto. Porque sino en un abrir y cerrar de ojos me encontraré agonizante, frustrada y amargada, aferrada a una vida estúpida y gris, y más muerta de miedo que nunca.

Ya no hay excusas. Es tiempo de soñar.



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